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10 errores de comunicación que todos cometemos (y cómo resolverlos).

Los problemas de comunicación son la principal razón por la que rompen las parejas. Una encuesta de 2013 señalaba que el 65% de las parejas que acuden a terapia se quejan de los problemas de comunicación en su relación en la primera sesión de consulta psicológica. Pero no solo las relaciones románticas se ven afectadas por la falta de habilidades en la comunicación. Con frecuencia estos problemas son la raíz de muchos conflictos diarios.

A veces fallamos en expresar lo que realmente pensamos, o malinterpretamos las palabras del otro. Sean cuales sean los errores que cometamos, podemos beneficiarnos de ellos si aprendemos a identificarlos y trabajarlos para convertirlos en habilidades de comunicación.

He aquí una lista de los 10 errores de comunicación más comunes (trata de recordar cuándo has podido cometerlos tú, y de imaginarte cómo aplicarías los consejos que te proponemos):

1. No escuchar realmente.

Cuando estamos comunicándonos con alguien a veces no prestamos toda nuestra atención a entender qué quiere decir. Tendemos a mirarle, pero pensando la respuesta que queremos dar o lo que queremos decirle nosotros. Le oímos, pero no le escuchamos. O estamos simultáneamente viendo la tele, el móvil, o fantaseando con otra cosa que nos ronda la cabeza. Atendemos de forma pasiva.

La falta de escucha activa se nota. El otro nos nota ausentes, y recibe pocas señales de que le estamos atendiendo y esforzándonos en comprenderle. Así que corremos el riesgo de que se sienta invalidado, que piense que pensamos que su mensaje no es suficientemente importante para nosotros. Además, perdemos mucha información no verbal que puede ser importante (ojos al borde de las lágrimas, comisuras curvadas, ceño fruncido, mandíbula apretada, cara roja).

Prueba un día, como experimento, a prestar a tu interlocutor el 100% de tu atención. Tratando de memorizar lo que dice, cómo lo dice, e imaginando cómo debe pensar y sentirse para decir lo que está diciendo.

La escucha activa, entre otras cosas, requiere contacto visual, asentir, y hacer preguntas o pedir clarificación del mensaje.

2. Asumir que sabes lo que te quieren decir antes de que el otro termine de hablar.

“Si ya sé lo que quieres decir” o “Ya sé lo que me vas a decir”. A medida que el otro habla damos por sentado no tanto las palabras que va a decir, sino su significado para nuestro interlocutor. Cuando hacemos esto de jugar a “leer la mente” lo único que logramos es perdernos lo que realmente está diciendo.

Nuestro segundo consejo/ejercicio es que en vez de interpretar trates de mostrar curiosidad genuina. Sin juicios. Un folio en blanco a rellenar con su interpretación de los hechos, no la tuya.

3. Interrumpir al que habla.

Interrumpimos con mucha facilidad. Ya sea porque el otro comete un pequeño (o gran) desliz y nos volvemos unos justicieros de la corrección (“Me has cogido sin permiso mis pantalones verdes”, y respondemos: “No son verdes, son amarillo lima”); o porque no nos aguantamos la necesidad de desahogaros y vaciar lo que queremos decir sin esperar ni respetar la necesidad del otro; o porque se nos ocurre una idea que consideramos importante y tememos que se nos olvide; u otras veces como forma de demostrar quién manda.

Consejo: intenta tolerar la frustración de esperar tu turno, y ser respetuoso para poder demandar el mismo trato que tú has dado.

4. Usar mensajes “Tú” en lugar de mensajes “Yo”.

Cuando queremos transmitir nuestros sentimientos lo correcto y lo justo es atribuirnos a nosotros mismos la responsabilidad de tenerlos. Es fácil decir “Tú me haces sentir molesto”, cuando en realidad lo que sucede es: “Cuando tú haces eso, yo me siento molesto”.

El consejo frente a esto: mentalízate de que el único responsable de cómo te sientes eres tú y solo tú. Recuerda que no todos reaccionamos igual ante las mismas situaciones. Y piensa en esto: ¿qué tienen en común respecto a esto las personas más resolutivas y flexibles? Que comprenden la opinión de los demás, pero, sin ser indiferentes, no les martiriza que no coincida con la suya propia.

5. Dejar que tus emociones hablen por ti.

Hay un refrán que dice: en épocas de emociones, no tomes decisiones. Es aplicable a una conversación. Primero es importante a identificar nuestras emociones y el nivel de intensidad, grosso modo, para saber cuándo podemos hablar con calma y objetividad. Si nuestra mente desplaza recursos en atender a las emociones no seremos capaces de hacer una buena transmisión del mensaje, o una buena recepción del mensaje del otro. Para comunicar que estamos enfadados no es necesario (ni útil) decirlo cuando estemos experimentando esa emoción intensamente.

Hay un error muy típico, y es pensar que por experimentar una emoción muy intensamente significa que es importante, que está justificada, y que es legítima.

Consejo: si tus emociones son muy intensas (positivas o negativas) indica a tu interlocutor que necesitas esperar a estar más centrado, y ve a hacer algo para que eso ocurra.

6. No identificar diferencias culturales o generacionales.

Palabras, frases, o expresiones pueden significar cosas distintas en función de la cultura y la edad. En las conversaciones entre padres e hijos, o con personas muy mayores, suelen darse este tipo de confusiones por el “gap” generacional. En lo referente a las diferencias culturales podríamos citar muchos ejemplos (dejar propina en Japón puede resultar ofensivo; los judíos no pueden hacer contacto físico con personas del sexo opuesto así que si alguien les tiende la mano para saludarles, lo ignorarán). Pero no es necesario un ejemplo muy extremo, simplemente pensemos en todos los hispanohablantes, y la forma a veces tan diferente de expresarnos, aunque sea usando las mismas palabras (“Voy a coger el autobús”, produciría risa y sorpresa en Argentina).

Consejo: a la mínima señal de duda, pregunta. Es mejor prevenir que caer en un error complicado de redirigir. En general tu interlocutor agradecerá tu preocupación.

7. Malinterpretar el mensaje.

Si hacemos el experimento de pedir a quien habla y a quien escucha que anoten lo que están queriendo decir y lo que han entendido, respectivamente, en general suele reflejarse una tendencia a equivocar la verdadera intención de lo expresado/oído.

Si nos centramos en los whatsapps, los mails, y otras comunicaciones parecidas se añade el problema de que se pierde todo el lenguaje no verbal, el tono, la expresión, etc.

Consejo: insistimos de nuevo en tratar de atender al máximo, preguntar, y parafrasear. Hacer reflejos simples y complejos (recuerda que cualquiera de estas habilidades y conceptos te los puede explicar y ayudar a practicar un psicólogo especialista en psicoterapia). Si eres el escritor del mensaje, no usar eufemismos o frases hechas. Ser lo más explícito posible.

8. Ser indirecto.

Si quieres que se te entienda bien, se directo y explícito. No seas sutil. Es inefectivo. Los demás no son clarividentes. No leen mentes. Asumir que el otro ha entendido el mensaje simplemente porque asiente con la cabeza o dice que sí, no es muy fiable. Es un error que se repite mucho entre los profesionales sanitarios.

Consejo: ¿Si te lo dijeran a ti de esa forma, lo entenderías? Trata de explicárselo al otro de forma que no haya lugar a dudas. Para ello seguramente tendrás que decirle cosas como: “No estoy seguro de haberme explicado bien, ¿me puedes decir lo que has entendido tú?”.

9. Criticar a la persona en vez de su comportamiento.

La falacia del argumento ad hominem. Cuando estamos molestos con alguien es fácil atacarle y menospreciar a toda su persona (“Eres estúpido”) cuando un comunicador efectivo (y justo) se centraría en criticar la conducta (“Conducir bebido es estúpido”), ya que las personas no somos buenas, malas, justas, injustas, etc., simplemente somos. Y luego hacemos cosas que (dependiendo de muchas variables) consideramos como buenas, malas, justas, o injustas.

Que alguien haga una, o muchas, tonterías no significa que toda su persona sea tonta. Del mismo modo, que alguien cometa, de forma intencionada o no, una injusticia, o lo que alguien considere una injusticia, no significa que esa persona sea totalmente, al 100%, injusta (porque eso supondría que es una característica intrínseca, perenne, y que todo lo que piense, diga, o haga, es injusto).

Consejo: céntrate en el argumento, tratando de considerar a la otra persona igual que tú. Las personas nos equivocamos, somos falibles, no perfectos. Del mismo modo piensa en que tú, sin darte cuenta, puedes estar en un error o confusión, y no ser capaz de verlo.

10. Evitar conversaciones difíciles.

Cuando anticipamos que a la otra persona le va a disgustar el mensaje y que va a originarse un conflicto, lo posponemos, a veces indefinidamente. Por ejemplo, cuando hay que dar malas noticias o hacer una crítica.

Nos justificamos diciéndonos que necesitamos tiempo para meditar tranquilamente cómo hacerlo adecuadamente. El error reside sobre todo no tanto en anticipar, si no en no cumplir con esa segunda idea y no reservarnos un tiempo para resolver esas dudas de cómo y cuándo hacerlo, para aumentar la probabilidad de que se nos entienda bien, causando el menor problema posible.

Cuánto más se alargue en el tiempo, peor. En ese tiempo lo ocurrido puede revelarse de muchas formas inapropiadas y confusas, causando otros problemas, como la pérdida de confianza del otro, o sentirse traicionado.

Consejo: un comunicador efectivo trata de permanecer abierto y honesto para solucionar los conflictos con prontitud y transparencia. Con preocupación por hacerlo bien y reducir el daño, pero sin miedo.

 

También es importante darse cuenta de que los problemas no vienen aislados. Forman parte de un todo, y algunas veces lo que empezó o derivó en un problema de comunicación, ha acabado en otro problema distinto (pérdida de afecto, disminución de las relaciones sexuales, infidelidades, prejuicios…).

La práctica hace al maestro. Y la práctica requiere esfuerzo y constancia. Un psicólogo especialista en psicoterapia puede ayudarte a analizar objetivamente los problemas, proponerte soluciones, y enseñarte la teoría y la práctica, así como darte feedback a medida que vayas avanzando para perfeccionar estas y otras habilidades.

¿Deseas aprender?