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¿Fumador? Fíjese en esto.

El tabaquismo es uno de esos fenómenos que nunca se agotan. La simple y a la vez tan extraña conducta de fumar ha producido enormes cantidades de literatura (científica y charlatanería a partes iguales), ingentes admiradores y detractores, colosales ganancias y costes económicos*.

Hemos hecho de todo por comprender este hábito, pero, sobre todo, hemos intentando lo inenarrable por controlarlo a voluntad.

La inmensa mayoría de la gente que deja de fumar lo hace de un día para otro, sin esfuerzo significativo, y sin consecuencias en el deseo (el “mono”) a largo plazo. ¿Le resulta sorprende este dato? Que todos tengamos la idea de que es hartamente complicado, por no decir imposible, es más fruto de ese otro porcentaje: los fumadores adictos (que además no suelen cumplir con unas pautas apropiadas, por angustia, paradójicamente, ante la idea de no volver a fumar). Hacen mucho ruido, y el mito se extiende.

Si es fumador, ¿se ha preguntado alguna vez cuál es la función que cumple para usted el tabaco? Es decir, ¿por qué fuma? No me lo diga, a ver si adivino: le relaja, le entretiene, le gusta el sabor, y le ayuda a concentrarse. ¡Caramba! ¿Tanto estrés/aburrimiento/le gusta el sabor/necesita concentrarse, como para tener que fumar X cigarros al día o cada semana? Si es así, ¡quizá el problema radica en esas cosas que le llevan a fumar!

Obviamente no podemos generalizar, cada caso tiene sus características individuales, pero no se crea tan especial, si fuma es bien por a) obtener algo agradable (sabor, imagen, sensación control, de libertad, rebeldía) y/o b) librarse de algo desagradable (tensión, incomodidad, no saber qué hacer con las manos, o la excusa perfecta para alejarse de esa persona aburrida).

Es curioso, pero, y le animo a que haga la prueba si fuma, cuando se le pide a la gente que apunte ante cada cigarro que fuma al día cuánto le apetece (es decir, el deseo, “¿Cuánto me apetece fumarme este cigarro de 0 a 10?”), y el grado de satisfacción después de hacerlo (“¿Cuánto me ha gustado este cigarro de 0 a 10?”), los resultados, como ya se figurará, reflejan que la inmensa mayoría ni eran tan apetecibles ni tan satisfactorios.

Llega un momento en el que a una sensación de “necesidad” o demanda fisiológica (su cerebro se resiente al no tener nicotina, una sustancia que no produce, y se queja. Tiene “hambre”), se suma un hábito fuertemente establecido (realmente no le apetece y podría pasar sin fumar, pero es una conducta tan sumamente repetida, que su instinto le dice “ya toca hacer esto”. Se ha automatizado. Pura economía cognitiva). Y ese es precisamente uno de los factores que más interfieren en dejar de fumar o reducir el número de cigarros; que pretendemos funcionar en contra de nuestra parte más primitiva, una parte que lleva millones de años velando por nuestra supervivencia, y, a fin de cuentas, un hábito que nos resulta fácil, cómodo, rápido, y tiene la trampa de una “recompensa” a muy corto plazo.

Objetivamente usted piensa racionalmente, sabe, está convencido, sin duda alguna, que el tabaco no le aporta nada bueno (ni siquiera relajarse; la sensación subjetiva de relajación es por el alivio de la abstinencia, alimentar al “mono” hambriento), y sin embargo con saberlo no basta, no es suficiente. Razona emocionalmente que le hace falta, que le vendrá bien o que no es tan malo.

Darse cuenta, tomar conciencia de cómo y porqué fuma, y probar cosas distintas a modo de experimento “a ver qué pasa” (retrasar el encendido del cigarro 10 minutos, fumar con la otra mano, fumar sólo en la terraza de casa, o sólo la mitad del cigarrillo, sólo a las horas en punto, preguntarse en voz alta cuánto le apetece o cuánto le ha gustado, etc), puede ser una forma sencilla e indolora de empezar a observarse a sí mismo.

Si ha leído hasta aquí, o está usted muy aburrido, o le gustan los retos, así que le propondré un último: divida un folio en cuatro cuadrantes, y a lo largo de una semana trate de ir anotando ventajas y desventajas de fumar, y ventajas y desventajas de dejar de fumar (o de reducir su consumo a X cigarros, si es lo que quiere). Sea lo más explícito posible. Si una de esas razones es “mejor salud”, la idea resulta vaga, poco precisa, y poco motivante. ¿A qué se refiere en SU caso particular con “mejor salud”? ¿Un efecto en sus ronquidos, sueño, sangrado de encías, sarro, tos, expectoraciones?

Si quiere cambiar su relación con el tabaco, y piensa que necesita ayuda, un psicólogo puede asesorarle en tratamientos empíricamente validados para dejar de fumar, así como ayudarle a aumentar su motivación al cambio.

Sepa que la libertad y satisfacción que se ganan son… No. No hay un superlativo lo suficientemente superlativo para describirlo. Tendrá que vivirlo usted.

 

*Vea la película “El dilema” (The insider, 1999), protagonizada por Russell Crowe y basada en hechos reales sobre el lobby del tabaco.